El agua llegó sin aviso. Como tantas otras veces. En menos de una hora, el nivel subió hasta el pecho y arrasó con todo lo que encontró a su paso. No hubo tiempo para pensar, para rescatar, para anticipar. Solo quedó resistir. Para Pablo Pacheco, volante creativo de Jorge Newbery, la escena ya no es nueva, pero esta vez fue distinta. Más fuerte, más cruda, más difícil de asimilar. “Fue la peor de todas”, dice. Y no exagera. En lo que va del año ya sufrió seis inundaciones en su casa del departamento Río Chico, en el barrio Santa Rosa, pasando la fábrica Topper de Aguilares. Pero ninguna como esta. Ninguna tan repentina. Ninguna tan devastadora.
El temporal del último fin de semana dejó a su familia en una situación límite. Sus abuelos, su sobrina, parte de su núcleo cercano, tuvieron que ser evacuados por precaución. Sus padres regresaron recién después, cuando el agua bajó, para ayudar a reconstruir lo que se pudiera. Y en el medio de ese escenario, apareció algo que Pacheco no esperaba: sus compañeros.
“El gesto que tuvieron conmigo y con mi familia se los voy a agradecer toda la vida”, cuenta. El plantel completo del “Aviador”, junto con el cuerpo técnico, se organizó para ir hasta su casa y ayudarlo a limpiar. Sin cámaras, sin redes, sin exposición. Solo con la intención de dar una mano. “Ahí se ve lo que es un grupo”, resume.
Ese grupo, para Pacheco, no es solo un equipo. Es una segunda casa. Y no lo dice por decir. A sus 26 años, el volante atravesó mucho más que un camino futbolístico. Su historia está marcada por decisiones difíciles, oportunidades truncas y una batalla interna que todavía sigue librando.
El camino
Todo empezó temprano. A los 14 años, tuvo la oportunidad de sumarse a las inferiores de San Lorenzo. Viajó, probó, quedó. Parecía el inicio de algo grande. Pero la muerte de su abuelo cambió todo. “Me tuve que volver y eso me desmotivó”, recuerda. Hoy, con la distancia que da el tiempo, admite que se arrepiente de no haber seguido, aunque también entiende que “las cosas pasan por algo”.
De regreso en Tucumán, su camino continuó en Newbery. Intentó dar el salto: hizo pruebas en San Martín y Atlético, por recomendación de Floreal García, pero los problemas dirigenciales con su pase frenaron cualquier posibilidad de progreso. Así, casi sin darse cuenta, su carrera tomó otro rumbo.
En 2016, pasó de entrenar en inferiores a debutar en Primera en cuestión de días. “Fue algo increíble”, dice. Y desde entonces, se mantuvo. Con altibajos, con aprendizajes, con momentos buenos y otros no tanto. Pero siempre en el mismo lugar. El punto más alto llegó en 2024, cuando se consagró campeón de la Liga Tucumana con Newbery. Un logro que coronó años de esfuerzo y que, en su caso, tuvo un valor especial. Porque detrás del jugador había una historia personal compleja.
Superación
El año pasado, Pacheco atravesó un cuadro de ansiedad y depresión que lo llevó al límite. “No dormía, sobrepensaba todo. Hasta que el cuerpo dijo basta”, cuenta. Terminó internado, con dolor en el pecho y pérdida de conocimiento. Fue el punto de quiebre.
A partir de ahí, comenzó un proceso con psicóloga y psiquiatra. Aprendió a hablar, a no guardarse todo, a entender que no siempre se trata de “estar bien”, sino de saber convivir con lo que duele. “Hoy sé cómo manejarlo”, asegura.
El fútbol, en ese contexto, fue clave. No solo como trabajo o pasión, sino como espacio de contención. “Cuando me siento mal, voy al club. Me despejo, estoy con mis compañeros. Es mi segunda casa”, repite.
Por eso, lo que pasó esta semana lo atravesó de una forma especial. No solo por lo material, por lo que se perdió o se dañó, sino por lo que apareció en el medio de la adversidad. La solidaridad. El grupo. El sentido de pertenencia.
Mientras seca electrodomésticos al sol, mientras intenta recuperar lo que se pueda, mientras reorganiza su casa y su vida una vez más, Pacheco piensa en todo lo recorrido. En lo que pudo ser y no fue. En lo que es hoy. En lo que todavía puede venir. Porque si algo le enseñaron los golpes (los del agua y los de la vida) es que siempre hay una manera de volver a empezar.